El infante, oriundo de Pedernales, recibió ayer la quinta y última dosis para prevenir la mortal enfermedad
La angustia ha sido la inseparable compañía de Lisselot Estévez desde que se confirmara que el niño que mordió a su hijo de seis años había contraído el virus de la rabia humana en noviembre pasado y quien, desafortunadamente, falleció el pasado 15 de diciembre en el hospital infantil Robert Reid Cabral.
La joven madre vino ayer desde Pedernales al centro de primer nivel de atención (La Municipal), ubicado en la avenida 27 de Febrero, casi esquina Barahona, a aplicarle la quinta y última dosis de la vacuna antirrábica para prevenir el contagio de la mortal enfermedad, tal y como lo indica el protocolo.
“Ellos estaban juntos en el mismo curso y ese día el niño mordió a mi hijo, pero nadie sabía nada, solo decían que estaba más violento, pero como a los 20 días cuando le dio fiebre fue que descubrieron que tenía rabia. La profesora entonces me mandó a llamar y me dijo que a mi niño había que vacunarlo porque lo habían mordido”, narra Estévez, quien ha vivido de cerca el pánico que se cierne en esa provincia fronteriza desde que se desató el brote de rabia en julio pasado, ya que, coincidencialmente, reside justo al lado de la vivienda del otro niño afectado por el virus, quien se debate entre la vida y la muerte desde hace nueve días en el hospital pediátrico de referencia nacional.
Explicó que la semana pasada su hijo fue consultado por los médicos de dicho centro, quienes le aseguraron que no corre peligro.
El niño de Estévez fue uno de los 44 pacientes atendidos por mordeduras de perros y gatos durante las primeras tres horas de la mañana de ayer en el consultorio a donde son referidos y atendidos los pacientes que llegan desorientados, procedentes del desmantelado Centro Antirrábico Nacional, de la avenida Duarte, en el Distrito Nacional.
Ese fue el caso de Luisana Quijada, una joven de nacionalidad venezolana, quien fue mordida en una mano por un perro callejero la noche del jueves cerca del Mirador Sur y quien recorrió tres centros de salud antes de llegar al lugar indicado en procura de la vacuna.
“Primero fui al Centro Médico Dominicano, ahí me curaron y luego me enviaron al centro sanitario de Gazcue, por el Palacio Presidencial. De ahí me mandaron para el Antirrábico y me encontré con el centro cerrado”, explicó la joven, quien reside en el país desde febrero pasado.
El doctor Alejandro Guzmán, director de dicho centro, explicó que cada día se atienden alrededor de 80 pacientes nuevos, en su mayoría niños, sumados a los subsecuentes que ya han iniciado el esquema de vacunación de 28 días. Indicó que en lo que va de mes se han atendido 722 pacientes con mordeduras, cifra que se ha incrementado con respecto al mes anterior.
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